A lo largo del último año habré quedado con Rubí casi todos los meses. Algún mes incluso más de una vez.
De las cuales unas 4 o 5 veces compartiendo además baile con otra amiga (llamémosla por ejemplo "Bombón").
En este último encuentro fue así, compartimos bailes entre los tres.
Después de más de una semana aún me tiemblan las piernas y se me mezclan las clases y bailes en el recuerdo. Así que comentaré algunos bailes sueltos porque la mente se me llena de imágenes, posturas, olores, sonidos y sensaciones y no soy capaz de ordenarlos de forma cronológica.
Quedé con Bombón, como siempre, en la calle y cuando llegó, después de saludos y ósculos, nos dirigimos a la academia de Rubí.
Rubí, espectacular como siempre, nos abre la puerta con un traje de baile que parecía lencería muy provocativa.
Nos saludados los tres de forma muy efusiva y cariñosa y mientras bajamos al aula de baile comentamos lo bien que nos salió el entrenamiento la última vez.
Como pensábamos practicar un ejercicio relacionado con "el paraíso", poco a poco nos fuimos ayudando a despojados de nuestra ropa de civil. Mientras bailábamos lentamente y muy pegaditos, hasta que nos quedamos con el uniforme de Adán y Eva, que era más cómodo y adecuado para esta práctica.
Como teníamos que calentar empezamos con algunos masajes, pero como ninguno quería esperar no los dimos entre los tres y a la vez.
Empezamos con masaje suave y con oscuros compartidos durante un buen rato. Poco a poco comenzamos un masaje francés a tres bandas mientras masajeábamos los músculos un poco blandos para tonificarlos y ponerlos bien duritos.
Fuimos cambiando de posturas entre nosotros para hacer un calentamiento completo de todas las partes de nuestros cuerpos que necesitábamos tonificar.
Tanto Rubí como Bombón comprobaban repetidamente y con esmero durante todo el entrenamiento que “mi" músculo estaba y se mantenía duro y dispuesto. Para ello ambas utilizaban los conocimientos adquiridos y con sus propios músculos masajeaban y lubricaban el mío.
En un momento dado Bombón se tumba y me dice que me siente en su ca. , que así sabe dar un masaje francés muy bueno en el oje. y los hue. Cuando voy a corresponderla con otro masaje francés en su co. , resulta que Rubí ya está en ello y con muchas ganas. No me queda otra que utilizar la lengua de Shakespeare en el oje. de Rubí.
Bombón se estremece con el masaje de Rubí, que parece ha encontrado alguna contractura y la está solucionando. Tan bien lo hace que pido Rubí que me enseñe esa técnica. Rubí accede y masajeamos los dos y a la vez el co. de Bombón, utilizando el acento francés, mientras Bombón sigue sin parar con el masaje que empezó a darme.
Para demostrar a Rubí que había aprendido su técnica para pronunciar el acento francés empecé a recitar para ella, y creo que lo hice bien porque sonreía y disfrutaba mientras yo vocalizaba despacito para que no se me trabara la lengua.
Bombón se acordó de una peli del Oeste, me tumbó de espaldas y me enseño como los vaqueros montaban a caballo. Mientras y simultáneamente Rubí empezó a hacerle a Bombón un masaje parecido al que Bombón me hizo a mí en el cu. La diferencia fue únicamente que Rubí alternaba entre Bombón y yo dependiendo de si Bombón descansaba o seguía enseñándome como se galopaba.
A partir de ahí se sucedieron más masajes y realizamos un montón de pasos de baile como el trenecito y varias de sus variantes, la doble vaquera, mama.. doble, triángulo feliz y otras de las que desconozco el nombre.
Rubí es!! Expectacular!! y estoy agradecido de conocerla, pero si la juntas con Bombón que es ¡Explosiva!, se convierte en una experiencia de otro nivel. Un nivel que mejora con cada nueva sesión de baile de forma totalmente natural y descomplicada.