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PREMIUM Anna Smz 662935580 tratamientos naturales

Esaschicas Premium

Al hilo de lo que hablábamos, hoy escuché una frase que me llegó al alma.

""Mejor arrepentirse de lo que hemos hecho que de lo que no hemos hecho"...

Muchas gracias querido @TheSpirit, la frase me ha removido, me identifico mucho con ella.
La película me la apunto para un domingo de sofá y mantita. 😊

Señoras, caballeros, almas pías e impías: espero que estéis llevando la semana con energía y determinación.

Esta vez os traigo una reflexión a la que me arrastró sin querer una breve conversación por WhatsApp:
Ante la repetida pregunta “¿Realizas fantasías?” mi respuesta habitual es "Sí, cuéntame la fantasía" peeeero, está vez, me quedé pensando.

Porque quizá la fantasía no sea exactamente lo que creemos.
Tal vez no sea un látigo, una atadura, un tacón imposible, un traje de secretaria o una habitación a media luz. Tal vez la fantasía no sea el acto.
Quizá la fantasía sea el permiso.
Ese instante en el que alguien deja de preguntarse “qué pensaría de mí” y empieza a preguntarse “qué deseo realmente”. Porque muchas personas no viven reprimidas por falta de oportunidades… sino por exceso de preocupación, o incluso de miedo.

Y entonces entendí algo curioso: las fantasías no siempre son imposibles.
A veces son simplemente decisiones que aún no nos hemos atrevido a tomar.
Las fantasías más intensas, de hecho, rara vez tienen que ver solo con el cuerpo. Tienen que ver con la rendición. Con el poder. Con sentirse visto. Con dejar de controlar. Con atreverse.

Y quizá por eso me gusta tanto mi consulta. Porque más allá del juego, del morbo o de la estética… es un lugar donde muchos descubren partes de sí mismos que llevaban demasiado tiempo esperando permiso para existir.

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Esta semana, además, también estaré disponible el sábado de 9:00 a 13:00.

Muchos besos.
 
Y quizá por eso me gusta tanto mi consulta. Porque más allá del juego, del morbo o de la estética… es un lugar donde muchos descubren partes de sí mismos que llevaban demasiado tiempo esperando permiso para existir...

Buenos días Anna.
Otra reflexión acertadísima, a la que nos tienes ya bien acostumbrados y que nos hace pensar, y poder ver incluso, las cosas o pensamientos, desde otro prisma no contemplado hasta el momento.
Buen día para ti y tod@s. 😘
 
Tal vez no sea un látigo, una atadura, un tacón imposible, un traje de secretaria o una habitación a media luz. Tal vez la fantasía no sea el acto.
🤣🤣 Respecto a eso creo recordar que te comenté alguna vez algo así como realizar un exorcismo. Lo visualizo y me parto...
 
Señoras, caballeros, gatos, gatas… y adoptados varios por esta maravillosa tierra llamada Madrid.

Hoy es San Isidro y, como buena madrileña de adopción y amante declarada de esta ciudad, no estaré operativa en consulta.
Hay días para trabajar… y días para celebrar que Madrid existe.
Eso sí, para compensar semejante abandono temporal de mis obligaciones, mañana sábado abriré consulta de 9:00 a 13:00, siempre con cita previa.
Y quizá, si os portáis bien, hasta haya rosquillas del Santo de por medio.

Deseo un precioso día de San Isidro a los gatos y gatas auténticos… y también a quienes, como yo, terminamos siendo adoptados por esta ciudad hasta sentirla un poco nuestra.

Madrid tiene esa mala costumbre: primero te invita a una rosquilla… y luego ya no te deja marchar. 😉

Y así de chula igual me veis hoy por la pradera. 😍


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Muchos besos.
 
¡Feliz día de San Isidro!.
Espectacular con ese vestuario y los complementos. 🌹🌹
Espero ser recibido así en tu consulta.
Muchos besos.

Fornicatus columbae.
 
Señoras, caballeros, almas pías e impías.

¿Cómo habéis empezado la semana? Yo, la he comenzado en terapia y también pensando en los hombres, en las mujeres profesionales, en mi misma...

Porque hay hombres que buscan un cuerpo.
Y hombres que buscan algo bastante más peligroso: una mujer que les lea la cabeza mientras les desordena el pulso.

Curiosamente, esos suelen ser los mismos que entienden por qué ciertas cosas no se improvisan, no se fuerzan y no se reservan veinte minutos antes “a ver si cae”.

Porque el deseo rápido existe.
Claro que existe.
Pero la tensión de verdad… esa que hace que recuerdes una voz un martes cualquiera mientras estás trabajando, esa que te hace mirar el móvil más de la cuenta,
esa que te deja pensando “qué demonios tenía esa mujer”…

Esa rara vez nace de la prisa...
Nace de la presencia.
De la conversación.
De la inteligencia.
De la intención.
Y también, sí, de ciertos límites.

Quizá por eso mis condiciones no son las más flexibles.
Ni mis horarios los más caóticos.
Ni mis encuentros los más baratos.

La prisa llena agendas.
La presencia deja huella.

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Muchos besos.
 
Última edición:
Señoras, caballeros, almas pías e impías.


Deseo que estéis entrando en esta semana con energía y determinación.

Os traigo una historia de mi consulta que me ha dejado pensativa estos días.

Hace años acompañé a un hombre durante uno de los procesos más difíciles de su vida: su divorcio.
No lo acompañé como terapeuta, porque por entonces era prostituta. Aunque, ahora que lo pienso, mi trabajo no ha cambiado tanto. Sigo escuchando, acompañando y ayudando a las personas a encontrar aquello que creen buscar... o aquello que realmente buscan.

A este caballero lo vi enfadarse. Lo vi derrumbarse. Lo vi recomponerse poco a poco.
Y hubo algo que siempre admiré de él.
Jamás habló mal de su exmujer.
Ni siquiera en los peores momentos.
Seguía respetándola profundamente como madre de sus hijos y, aunque el matrimonio había terminado, seguía deseándole felicidad.
Recuerdo incluso una frase que me pareció especialmente hermosa:
"Si la quiero, tendré que querer también su libertad."
Y lo decía convencido. O al menos eso creía.

Hace unas semanas volvió a verme.
Venía inquieto.
No porque ella hubiera rehecho su vida. Eso, según me explicó, había aprendido a aceptarlo.

Lo que lo removía por dentro era otra cosa.
Habían llegado rumores...
Según amigos en común, aquella mujer seria, responsable y profesional estaba teniendo citas por Tinder con hombres más jóvenes. Frecuentando locales swingers y espacios BDSM. Explorando facetas de su sexualidad que él jamás habría imaginado.
Y aquello lo tenía profundamente descolocado.

Mientras hablábamos yo no podía evitar pensar en una pequeña paradoja:
Cuando acudió a mi consulta por primera vez, estando felizmente casado, estaba firmemente convencido de su derecho a explorar aspectos de sí mismo que jamás había compartido con ella.
Desde entonces, y durante años, vino a mis terapias incluso en etapas en las que él mismo se definía como un hombre comprometido con su familia.
Y nunca vi necesariamente desamor en ello.
Los seres humanos somos infinitamente más complejos que las etiquetas con las que intentamos explicarnos.

Pero me llamó la atención algo:
Lo que reclamaba para sí mismo le costaba muchísimo más concedérselo a ella.
Y sospecho que no es el único.
Porque defender la libertad de alguien es relativamente sencillo cuando esa persona utiliza esa libertad para hacer lo que nosotros esperamos.
La verdadera prueba llega cuando hace exactamente lo contrario.
Cuando descubrimos que quizá no era quien creíamos.
O peor aún... Cuando descubrimos que siempre lo fue y simplemente no habíamos querido verlo.


Y entonces me quedé pensando en una pregunta incómoda:
¿Amamos de verdad la libertad de las personas que queremos?
¿O amamos su libertad únicamente mientras coincide con nuestras expectativas?
Vaya...

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Feliz comienzo de semana.


Muchos besos.
 
Anunciate
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