Tengo una anécdota cojonuda y de risas nada, además es más común de lo que parece pues no me ha pasado a mí solo. Me enganché la piel del pito con la cremallera del pantalón y es muy, muy doloroso, me cayeron lágrimas y no de cocodrilo precisamente. Lo pasé muy muy mal, no había manera de desengancharlo y cada intento era mucho peor.
Gracias que las mujeres sois muy listas, y con el lubricante que usaba para el anal untó la cremallera, los dientes de la cremallera, el pasador, mis partes, y con cariño, suavidad, tranquilidad, paciencia, moviendo un poquito con el tirador, y la cosa terminó por soltarse, fatal, muy mal.
Lo mejor que recuerdo es que mi fémina acompañante después mi cosa se la metió en la boca sin más, y con la saliva que es analgésica (lleva opiorfina), de la manera más suave y agradable del mundo me tranquilizo y calmó.
Fue ridículo, fue muy doloroso, y ahí queda en recuerdo para la posteridad. Amén.