Traca de fin de fiesta (versión 3 horas de puro vicio).
Jooooer… qué ganas tenía de contároslo sin enrollarme demasiado. Hace una semana, justo despidiendo los excesos navideños y antes de empezar la cuesta de enero, montamos una de esas juergas que todavía me ponen la piel de gallina solo de recordarla.
Llevaba tiempo insinuándole por chat la fantasía del “masajista sorpresa” pero en plan regalo doble. Le propuse que me encargaba de todo y ella solo tenía que dejarse llevar. Flipó cuando le conté el plan. Busqué a un compi de máxima confianza (limpio, buen rollo, de los que saben estar), cerramos el precio (tres horitas a 250 cada uno, de las que aprovechamos hasta el último minuto). Ella eligió el sitio perfecto: un apartamento por horas que ella ya conocía de otras veces. Muy discreto, poco frecuentado, luces tenues y ese rollo canalla que invita a perder el control sin que nadie se entere.
Ella llegó la primera y nos esperó dentro como si estuviera en su casa. Le había pedido que se pusiera cómoda: una batita fina de satén que apenas tapaba nada, nada debajo, aceites preparados, velas, música bajita… y en el bolso, por sorpresa, había traído un juguetito vibrador que luego nos dio mucho juego.
Llegamos puntuales. Llamé a la puerta y le dije con voz de travieso: —Abre, que hoy te toca doble sesión de relax… ¿te fías?
Abrió con esa cara de “¿qué habéis tramado?” pero cuando vio al otro detrás de mí (alto, moreno, sonrisa de chico malo que sabe perfectamente lo que hace), se le iluminaron los ojos y soltó una risita nerviosa preciosa. —Sois lo peor… pero pasad, venga, pasad ya.
La tumbamos boca abajo en la enorme cama. Batita levantada, aceites calientes resbalando por la espalda, glúteos, muslos… Ella gemía bajito, relajándose cada vez más. Nos turnábamos: uno en los hombros, el otro abriendo despacito las pier., subiendo por la cara interna… Cuando le tocó girarse ya estaba muy húmeda y brillante de deseo, pezones como piedrecitas y esa mirada de “por favor, ya no puedo más”.
Ahí empezó lo realmente bueno. Nos pusimos uno a cada lado, ósculos en el cuello, saboreando sus pec. mientras las manos bajaban a su intimidad. Ella se retorcía, agarrándonos con las dos manos, acariciándonos a la vez con una mezcla de ternura y ansia brutal. —Quiero sentiros dentro… los dos… ya —soltó entre gemiditos.
La pusimos de rod. en el centro. Primero turno de boca doble: uno en sus labios, el otro en su mano, turnándonos. Joder, qué manera de usar la len… profunda, húmeda, mirándonos a los ojos mientras nos acogía hasta el fondo. El compi no salía de su asombro: “Hostia, esta mujer es de otro planeta”.
Luego vino el momento estrella. La colocamos en una postura muy perrito sexy (ella arqueando la espalda como solo ella sabe), yo detrás entrando despacio en su calor mientras el otro se dejaba saborear por delante. Cambiamos varias veces y en una de ellas probamos el doble masaje vag… pero no cuajó del todo porque, claro, nosotros dos parecíamos gatos de escayola al lado de ella, dada nuestra poca flexibilidad.
Macarena es bajita, manejable y jodidamente flexible. Casi cualquier posición le sale natural. Nosotros en cambio… si nos doblamos mucho crujen las articulaciones y todo. Ella se partía de risa cada vez que intentábamos una postura elaborada y acabábamos con cara de “esto no sale, tía”.
En un momento sacó el juguetito que había traído (un pequeño pero potente Satisfyer con forma curvada), lo puso en marcha y lo usó contra su punto más sensible mientras yo la tenía dentro y el otro le daba ósculos en el cuello y los pec. La combinación fue letal. Empezó a temblar entera, a gemir más fuerte… y de repente soltó un squirt impresionante que empapó la sábana, mi regazo y hasta salpicó al compi. Los tres nos quedamos en shock un segundo y luego nos echamos a reír como tontos.
El final fue de película porno con final feliz. Ella cabalgándome con mucha fuerza, el compi al lado dejándose devorar con la boca, el vibrador todavía zumbando entre sus piernas… Cuando terminó la segunda vez apretó tan fuerte con todo el cuerpo que casi nos lleva a los tres de golpe. Al final llegamos casi a la vez: ella convulsionando y cayéndose sobre mí, yo derritiéndome dentro (con guantes, claro), y el compi soltando todo por su espalda y glúteos. Menuda obra de arte abstracta quedó después jajaja.
Después del subidón nos quedamos los tres tirados, sudados, riéndonos como idiotas. Ella nos dio besos alternos, nos llevó a la ducha, nos enjabonó a los dos con mucha calma y cariño y soltó la frase de la noche: —La próxima os quiero disfrazados de bomberos… o de lo que sea. Pero repetimos ya, eh.
Brindamos con el cava que habíamos llevado para un picoteo al que no dedicamos demasiado interés (teniendo semejante chica al lado… no es para estar haciendo caso al jamón). Para sorpresa final se tocó delante de nosotros, para terminar mezclando de una forma muy sugerente el cava con su squirt final. Pensé: “Madre mía… esta mujer es adictiva”.
Higiene impecable como siempre. Tres horas de reloj bien aprovechadas.
¿Alguien se apunta al siguiente round con Macarena? Porque cada vez sube más el listón…

