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DESTACADA Beatriz masajista erótica española 678797126 Experiencias

Esaschicas Premium

Adonis

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10 Mar 2015
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He escrito y re-escrito mi experiencia varias veces y no he querido utilizar una plantilla porque no salía todo lo que quería expresar y que pudieseis comprender así que la mejor forma de plasmar lo que he vivido y sentido ha sido de esta forma que os cuento debajo.

Son las 9:58 de la mañana, llego con algo de adelanto y mi corazón late un poco más deprisa de lo normal. Tal y como quedamos, le envío un whatsapp diciéndole que estoy en la puerta y espero. Me das las indicaciones pertinentes, ya sabía que era un bajo sin portero físico y que al entrar había que subir unas escaleritas (3 peldaños) para llegar hasta ella.
La puerta se abre y ahí estás. Más guapa de lo que recordaba, con el pelo suelto cayéndote sobre los hombros y esas gafas que te dan un aire inteligente y pícaro a la vez. Llevas una camisa blanca, casi abierta, y por el hueco se adivina la lencería de encaje negro y roja que me prometiste. Las medias negras te suben por unas piernas que parecen no acabar, rematadas con unos tacones que suenan suaves y elegantes en el parqué.

Te acercas para darme un b. en la b., como es tu costumbre, pero siento timidez y giro la cara ligeramente. Te doy dos besos rápidos en la mejilla y al tercer intento, tus labios se encuentran con los míos. Lo que empieza tímido se transforma en un b. largo, profundo, lleno de promesas.

Me haces pasar. El ambiente es cálido, íntimo. Me ofreces algo de beber y pido un poquito de agua, la garganta se me ha hecho un nudo. Empiezo a quitarme la ropa, algo torpe y sonríes. "Necesitas ayuda ¿Verdad?", bromeas. Me acerco y tus manos se deslizan sobre mi piel, desabrochando mi camisa mientras tus labios vuelven a encontrarse con los míos. Me desvistes con una lentitud que es a la vez excitante y relajante. Tus manos exploran mi pecho, mis brazos, mi espalda, mis nalgas. No hay prisa. Siento cómo la tensión que me traía de la calle se va disolviendo con cada caricia, con cada beso.

Me guías hacia el baño. La ducha es un torbellino de agua caliente, espuma y risas. Nos enjabonamos el uno al otro, nuestras manos resbalando sobre cuerpos ya mojados. Es como si nos conociéramos de toda la vida, como si fuera todo tan natural. Me secas con una toalla suave y tus ojos no se apartan de los míos.

Ya en la cama, la luz tenue de la habitación te dibuja un contorno espectacular. Volvemos con los ósculos, pero esta vez son diferentes. Son b. más húmedos, más lentos. Tus labios viajan desde mi b hasta mi cuello, mis orejas, mi pecho. Siento tu aliento caliente y me estremezco. Bajas poco a poco, tus ojos clavados en los míos hasta que desapareces bajo las sábanas.

Empiezas con b suaves en mis ingles, en el interior de mis muslos. Luego, tu le. traza un camino húmedo y cálido hasta llegar a mi miem., ya duro y expectante. Lo tomas con delicadeza, cubriéndolo con besos y lengü. lentos. Siento cómo aumentas la velocidad, cómo tu b se llena de sal y me chu… con una intensidad que me roba el aliento. No necesitas ir hasta el fondo, sabes exactamente qué hacer, cómo mover la lengua, cómo apretar con los labios. Es una sensación abrumadora, deliciosa.

Siento cómo se acerca el clímax. "Voy a...", logro decir. Tú no te apartas. Al contrario, lo aceleras todo. Y entonces exploto. Siento el chorro caliente y denso golpear tu paladar, llenarte la boca. Me tiemblan las piernas. Te quedas ahí un momento, saboreándolo, antes de ir al baño.

Cuando vuelves, el ambiente es otro. Ya no hay nerviosismo, solo complicidad. Tumbado a tu lado, te beso de nuevo, pero ahora soy yo quien toma la iniciativa. Te como los pechos con suavidad, sintiendo cómo tus pez se ponen duros bajo mi len. Veo que te gusta, que se te acelera la respiración. Bajo más abajo, separando tus piernas con cuidado. Tu chi… está perfecto, y me paso un buen rato devorándolo, lamiéndolo lentamente hasta que siento cómo tu cuerpo se tensa en un orga que te sacude entera.

Te doy la vuelta, te pones a cuatro. Mientras te co el cu, una de tus manos se baja hasta tu clít
y te empiezas a tocar con un juguete vibrador. El gemido que sueltas es feroz, animal. Termino de nuevo, con más fuerza esta vez, y te derrumbas sobre la almohada, jadeando.

Nos quedamos un rato así, en silencio, escuchando cómo se normalizan nuestras respiraciones. Te pido permiso para fumar (tú no lo haces) un cigarro y nos asomamos al patio. El aire refresca en la piel. Hablamos de tonterías, de la vida, de nada en particular. Y de repente me doy cuenta de que no estoy con una masajista. Estoy contigo. Y es mucho mejor. Y todo por sólo 150€ ¡Repetiré!

Perdonad el ladrillo pero lo he contado tal y como lo he sentido.
 
Manantial de Comunicación.

Desconozco las experiencias profesionales de Beatriz anteriores a su actual dedicación pero estoy seguro que han debido estar basadas en la comunicación. Bea es una gran comunicadora desde el momento que contactas con ella. En primer lugar te informa por Whatsapp con todo detalle de sus servicios y tarifas con una profesionalidad clara y atrayente al tiempo.

Quise hablar por teléfono con ella para reservar la cita con bastante anticipación. La comunicación fue muy fluida descubriendo una voz cálida y fuerte al mismo tiempo. El día en el que pretendía quedar ella tenía un problema doméstico sobre el cual nos pusimos a hablar como si fuéramos dos viejos conocidos. A partir de ahí cruzamos diversos mensajes sobre publicaciones de los dos ya que interactuar con Bea es muy fácil.

Pasados unos días pudimos encontrarnos en su apartamento del barrio de Buenavista en Carabanchel. Me recibió con el body negro semitransparente que le había pedido y que resaltaba las curvas de su cuerpo. Aunque lo había sospechado por alguna de sus fotos me sorprendió que llevara gafas. Siempre me han atraído las mujeres con gafas y a Bea realmente le favorecen aunque en los momentos más frenéticos del encuentro se las quitó, haciendo yo lo mismo. (Las gafas y el sexo profundo son incompatibles) Al final casi las cambiamos porque eran muy parecidas.


Bea comunica con facilidad lo que desea y lo que le excita. Le encanta que el toques sus pec., voluptuosos y naturales, y que chu. sus grandes pez. que se reactivan al instante. Sus ósculos fueron intensos desde el primer momento y nuestras leng. se entrecruzaron con fuerza. Aún con el body puesto llevó mi mano hacia su s. sin dejar de masajear mi po. Desde el primer instante noté que tenía una gran excitación y que se iba mojando con facilidad. A partir de un cierto momento todo su co. era un manantial de fluido que dejó chorreando mi mano y por supuesto la sábana en la que estábamos tumbados ya que terminé igualmente. Fue alucinante. Debo confesar que no he tenido experiencia semejante en mucho tiempo y es que Bea, para todo, es un manantial de comunicación. Creo que, pronto, volveré a beber de ese manantial.
 
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